AZÚCAR MORENA PRESENTA:

Café y donuts. Así pedía y la güerita regresaba la tarjeta limpiándose las manos. Al chalán Tico le procuraba el cuento incluyendo coqueteo y otros inventos. Un día de estos me va correr mi vieja y vas a a tener que darme asilo en Tijuana, mi Chori. Decía luego de predicar una exagerada versión de su pasado sexual por todo el 805 y bajarlo a repartir periódicos en Adams Avenue.

—¡Acuérdese de traerme el refín, que con el sol es una madriza repatir a pie y yo namás traigo pal trolley! —refunfuñaba desde la cajuela al cargar y retacar Sandiegoreads en su mochila. 

El apodo venía del platillo favorito en la niñez: huevitos con chorizo. Le andaba por licenciarse o casarse pa grafitear con diferente placa el barrio. Pero el patrón no pagaba a tiempo, su novia estaba casada, de la licenciatura se encargaba mamá desde una línea de producción en Tijuana, etc.

Ansina tres veces por semana. De noche Tico acomodaba y repartía palets de calcetines chinos que en México se vendían por pieza y con etiquetas norteamericanas.

Le ofreció un chiste and another donut. Sabía que su empleado pensaba en pesos mexicanos. Además eran las 5 de la mañana. La broma de Tico sugería que el sol aún tardaría en salir como para continuar su fotosíntesis.  

Regresó a Imperial Beach y estacionó en la bocacalle entre Tiznado y 11th Street. Llevaba dos semanas espiando a su esposa. Lo hacía todas las mañanas antes de entregar los paquetes del semanario gratuito en tiendas de conveniencia. 

Tico desmontaba la guardia a las seis y media, es decir, despertaba y cagaba leches hasta Chula Vista sopeando donuts en su café helado. 

Samanta le esperaba. Su viejo salía a la chamba a las seis y Tico no comenzaba a repartir hasta las nueve o diez. Los vecinos le conocían como un hermano, es decir, a la larga ella hizo otros familiares en el vecindario. Era una mujer guapa, mordida por los hombres por aquí y los años por allá. Antes de levantarse le pedía dinero reclamando que aún no dejara a su mujer como prometiera desde que comenzaron a vender calcetines juntos… 

A Tico ni siquiera lo esperaban en las tiendas. Los empleados no le reconocían a menos que intentara hablar en inglés: café y donuts. DO YOU SPEAK AMERICAN, SIR?, le contestaba el white trash. No obstante, así conoció a Samanta. En un desconchinflado gabacho ella le reclamó la impuntualidad, el desorden del estante del Sandiegoreads, la informalidad de la robaniños, etc. 

Pero cuando ya no hubo gringos oyendo, y luego de algunos me dice y que agarro y le digo y le dije después, brindaban la pista de algún baile en el Cajón, California…

—A mí tampoco saben cómo hacerme sentir mujer, mi amor.

—Lo mismo me dice mi esposa…

—Pero yo te estoy diciendo mi amor.

Daba los últimos sorbos con boronas de pan y azúcar antes de levantar al Chory y repartir por las tiendas para comer después. Es decir, para que el chalán hiciera la chamba del patrón luego de acabar la suya. 

—Pos si no he parado desde que te dejé temprano en la mañana, mi Chori. Y tú ni siquiera has acabado. Yo tuve…

—Que tomarse el café frío, va a decir.

El Chori había desayunado en casa de Tico mientras el café de éste seguía caliente. Incluso regresó la mitad de la carga a la bodega en aquel hogar. Era la forma de cobrarse el abuso amable del patrón. También cenaba ahí las noches de entregas con Samantha después de la universidad.

Horas de trabajo. Un burrito California. Etc.