Mujer come mujer pa seguir pariendo cuates

Mordisqueaba el tapete de la sala frente a ellos. Retrocedía, meneaba las trasijaderas y atacaba con imprudente ahínco. Mariana solía perseguirlo con la escoba, el trapeador o con lo que tuviera a mano. Un gato a la medida de su relación, les dijeron al entregárselo en la clínica de abortos tras la cirugía y el alta médica. Eso sí, fue hasta la salida al aeropuerto que la enfermera les volvería a fruncir el ceño.

Ellos regresaron a casa a buscar durante días, semanas y meses el lugar para revivir de aquel asesinato, nombre que llevaba por entonces en Baja California y que durante los 63 días de gestación hiciera de sonsonete a la moralidad culposa de Eliseo Avitia. ¡Asesinato! Aunque ahora la discusión musicalizaba la cacería del Sr de las Moscas con los habituales reproches de fechas, sacrificios y verdades mentidas durante el par de años que llevaban juntos. 

Un jarrón de ónice se hizo añicos. Un gato a la medida de su relación, como anunciara aquella clínica privada de abortos chilanga. Ella aún no volvía al trabajo, mientras que a él sólo lo ausentó el acompañamiento. El chisme en la farmacia coreaba así: el licenciado la premió y se la llevó a vivir con él. Vayamos sumergiéndonos por partes:

1

El trabajo derrumbaba al hogar. Eliseo la volvió encargada del día y en realidad jamás tenía que ir a la farmacia, sino al puesto del sobreruedas, en donde él hacía su canícula de Agosto. Mariana revendía todas las ofertas acaparadas en esa SUPERFARMACIA tijuanense: esponjajabones, electrolitos, cremas de coco, cereales de pasas y avenas y todo lo que la Ley General de Salud le permitiera sin dispensar a nadie.

El Gerente Regional en realidad visitaba a las otras sucursales del municipio para encular con sus queridas, hablar del sobreruedas con las que ya tenían un puesto y encargarse de que sus inventarios no delatasen la fraudulenta concusión. 

Mariana salía de casa a instalar el changarro siempre antes de las 5:15 am, pero los carroschocolates del bulevar Agua Caliente, de la Vía Rápida y de cualquier colonia en camino al tianquiztli provocaban que desayunara el tamal frito con crema de siete a ocho, ya después exhibía su tilichero. 

Respondió a preguntas simples sin recordar el orden, ¿sí, no? nueve mensualidades más y el carro sería suyo. ¿Qué eran otros nueve meses a nombre del Lic. Avitia? Viñeta del Sorel de Rojo y Negro protagonizando un canal de las Estrellas: gen SRY, estímulo facilitador para el amor-dolor y la jodida herencia del cromosoma Y. Mujer come mujer para verse más delgada. Es decir, sin argolla no hay boda, nobleza masculina, ni madre de familia. 

Eliseo celebraba la ubicuidad ética con brujas y fantasmas: habrá desastres naturales si legalizamos el aborto, pero ahí estaba robando las ofertas de la clase media y dándosela a los pobres a precios de ricachones. Mariana detestaba todo aquello. Huir, huir del puesto y las señoras repitiendo el ¿a cuánto sale esto mija, y aquello, lo menos, y si me llevo los dos, lo menos pa no descompletar lo del mandado, mi amor? Mujer come mujer y llegan los hijos, los perros, las ratas y etcs. a comerse los restos. Huir, estribillo de mitad de los días, la tonadita que te impide hacerlo. 

Mariana sabía. Conocía la calle y la vergüenza de regresar a tocar la puerta más por aspirar estimulantes y poseerse por la nada antes que tener una verdadera charla consigo y su pasado, las posibilidades del porvenir y todo eso que la tristeza trae después de haber logrado tanto y perderlo una vez más… murmuró un apóstrofe que se extravió entre regateos.

Se quitaba al medio día. Casi dos milanesas de vendimia. Extrañaba ir a la farmacia, ¿quién lo diría? Primera encargada de la SUPERFARMACIA Altamira manejando una Range Rover 2020 que pagarían hasta el 2022.

En casa orinaría una prueba en el baño y enfrentaría la calle de nuevo. Podría regresar con mamá, cruzar al gabacho, cualquier cosa, pero dejaría aquel embargo de vida muerta, echada a perder, camino al infierno, etc.

Puso a cocer frijoles y desfiló su apeste a patas por aquel lugar carente de semillas o bacterias que germinaran un hogar. 

2

La casa espléndida. Mariana la había visto en revistas de decoración. Todo: la sala, el comedor de duramen barnizado y vidrio, la estufa Mabe, el refrigerador Whirpool, el Leonardo en la pared camuflada tras el megavisor y el equipo de sonido, persianas, gabinetes y hasta el efecto nauseabundo de ordenar con el buen gusto de alguien sin imaginación. 

Eliseo vivía cerca de la farmacia y ella, por entonces, se encargaba del turno nocturno. Nadie la había tratado mejor o le afectaba tanto los nervios, quizá era más asunto del lugar que ocupaía en casa. Andar de puntitas la infancia y todas las paradas previas al horario de trabajo le enseñó que deberían cuidarse más entre ellas si es que pensaban alternar la maternidad, la familia, la profesión y el afecto siendo mujeres sin necesidad de incluir adjetivos. 

Y ahí estaba, instalando cachivaches en la casa del gerente regional de la compañía. El ajuar, lo del dormitorio y la lavadora por la que aún seguía pagando un interés diario. LOS sueños del despertar de sus letras y publicar aforismos, poemas, relatos. A Eliseo, que había leído El llano en llamas, La Biblia y otro libro que no me acuerdo, le fascinaba la ingenuidad de esa mujer que decía y sostenía te amos sólo después de apagar la luz o con un Desayuno de campeones. Si la vieran al temblarle las piernas, pensaba en sus adentros. 

Como Eliseo era gerente regional de la SUPERFARMACIA, a menudo viajaba a sucursales de otros municipios. Así que su rollo amoroso iba con novias en casi cada tienda. Mariana estaba de acuerdo, válgame, pensó Eliseo Avitia y la invitó a mudarse con él. Por fin le comprendían. Entonces le dio por formar una familia, quererla mucho, trabajar duro, expandir el negocio, etc…

La follenda era un espectáculo, eso sí: sentía que las demás mujeres de Eliseo la evaluaban para perfeccionar ellas su acto. Y Eliseo con la seriedad de niños al jugar. Ñam, ñam. Así y todo Mariana no bajaba el telón, solía tener la cama hecha, revisarse el Implanox anticonceptivo con saludable periodicidad, etc. 

Llevaban meses viéndose. Mariana era chambeadora, contestaba, llegaba tarde y faltaba de cuando en cuando. Los perros que le mordían tenían sarna o estaban muertos. Con él la enredadera sería una esplendorosa planta de sombra (ciclo del carbono, al fin y al cabo). La ascendió, pero rezongaba, Mariana Gómez rezongaba de lo tiquismiquis que resultaba la eticidad inculcada a aquel niño grandote doce años mayor que ella . 

3

De pequeño lo tuvo muy claro. Sería doctor y curaría la infancia: la niñez no existe, son conscientes en segunda persona. Cuando de chamaco lo vio más complicado pensó en ser veterinario: las mascotas reflejan lo mal que entendemos la crianza de chamacos. Finalmente, estudiando por las mañanas, con hambre todas las tardes y un turno nocturno para seguir agonizando, se licenció como piscóloco en la Universidad de Guadalajara.

A Tijuana llegó debiéndole la mitad al pollero que lo dejaría en Imperial Beach. El papá narco jamás le reconoció y mamá ahora estaba con otro gran señor. Total que no le alcanzó y se quedó en Tijuana, agonizando en un hospital después de la madrina que le permitió quedarse en la ciudad fronteriza. 

Mamá se hizo cargo de la cuenta y aseguró, mijito, que esos nangos hijos de la desgraciada pobreza de gente muy pendeja, namás regresarán a Guadalajara a petatearse. Era otro Señorón aquel nuevo querido (en los noticieros no le mencionaban y su gente trabajaba con la humildad de pagar salarios y no cobrar pisos, es decir, el Estado los traía entre ceja y oreja). 

Antes de desaparecer por la mentada Nueva Generación, lo acomodaron como tercer supervisor de tienda en una SUPERFARMACIA de un colega en Mexicali. Luego, ya por méritos propios de mi formación profesional, le decía, fui trasladado a una sucursal en Ensenada, la perreé un putamadral para ser el gerente regional que soy, no te creas, o esa era la versión que Mariana escuchaba ahora, antes de decidir si proceder con su renuncia o quedarse a frentear consumo para gente que comía y eructaba produciendo la salud de los enfermos.

No la invitó a salir, sino que maquinó el despido del encargado nocturno (compras masivas de mercancías a través del descuento de empleado) y dejó la vacante abierta hasta que Mariana logró postrarse como la hormiga come hormiga de la sucursal. 

EPÍLOGO

Por la noche empacó la mudanza en su cabeza. Algunos recuerdos, como siempre, andarían pedestres. Eliseo liquidó la lavadora, así que la ropa sucia iría incluida. Pero los lunes en Playas de Tijuana les iba mejor que el resto de la semana. Además la reciente votación unánime de la SCJN declaraba inconstitucional la penalización del aborto en México. Quizá necesitaran tiempo: liquidar los seis pagos restantes del financiamiento de su vehículo de concesionaria, no descuidar los métodos anticonceptivos, hacerse a la idea, como decía él, de que la clase media sería la culpable siempre, etc. 

El Sr de las Moscas reclamó su plato. Eliseo Avitia era una piedra. No follaban tanto como antes, ni la cama estaba tendida desde la adopción del animal. Un gato a la medida de su relación. Ella se levantó, puso la cafetera y le sirvió de comer al gato. Optó por apagar lo del café y acurrucarse en una de esas noches que tienden a durar por siempre.