Espresso Americano

Compraron nuestros terrenos
o, ¿acaso nos estará llamando el cielo?
Norteamérica es el sueño:
paisanos del patrón de esta región del miedo
(de suelo rico, como el que nunca tuvieron ellos
y pronto convirtieron su epónimo)…
Un chico del barrio en Comayagüela renunció apenas la primera paga
de lo que yo ganaba semana tras semana
en una vida de trabajo en la Gabachancompany.
Lo reclutaron las pandillas, después los militares.
Muertos de hambre, nos decía cobrando
la mitad de lo que mis hijos comían
antes de volverlos cadáveres y nosotros huir
al Norte detrás de otros pobres diablos.
Mi nena de trece, él a punto de volverse adulto.
A Lourdes la violaron por todos los conductos
pa cortarle la carótida mientras abusaban de ella.
AL pendejo de Mateo me lo empaló una comunidad en Ojojona
a la que cobraba piso para los malhechores
que tomaron nuestro hogar y que incluso
vienen persiguiendo y dejando víctimas camino al American Dream.
A la vieja la perdí dos semanas en Tapachula para hallarla
en Tijuana diez años más vieja y preguntando:
¿Cómo podría salvarnos llegar a los Estados Unidos de América?
Caravanas dicen los noticieros, éxodos las religiones,
nosotros los migrantes sentimos haber llegado al mismito Finisterre,
miles de kilómetros para hallar acá a los criminales
que nos quitaran la tierra, a nuestra familia, la vida entera…
Iniciamos un campamento junto a esos y otros solicitantes
de asilo político-humanitario
en la garita del Chaparral,
para que el gobierno norteamericano nos responda en días
o semanas a más tardar.
Por favor, no podemos morir ni vivir así.