Negro Acaba

Querido, te decía me ha ido bastante bien, la Bolsa ha caído, los dólares son verdes y los cielos azules. Mi hijo ha cagado más veces que el perro y sigue sin despegarse de estos pechos… Sí, son pechos…

Pero no, no estoy aquí para hablar precisamente de mi, estoy aquí para hablarte de mi… ¿notas la diferencia? He vivido en una carne gorda y aburrida, escocesa como un whisky que jamás conoceré. Este Robert, tan aburrido como empieza su título… Contador público… ¿Contador público?, ¿puedes creerlo?, ¿escocés?

En fin, este perro ha conseguido en mí lo más barato de mi retorcida putez. Y es que al blanquito este le gusta hablarme sucio y gritar: “Bunty, Bunty mueve lo que tanto te sobra” y yo, mientras me asignó un nombre como muchos otros que no son míos, gimo hasta que me escurre de la cabeza a los pies…

Ahora este contador, este Robert, mi blanquito es taaaan encantador. Quiso llevarme a cenar, ¿sabes? Cenar siempre se me ha dado y, bueno, con este comiendo con esas clases refinadas de la abuela no me han dado ganas ni de comérmela aunque me la pongan en una charola… Tanto gusto por el dinero pero tan poco por los modales o ¿¿¿debería ser al Revés???

En fin, este escocés me trae de perra, tanto que llamo en las noches tratando de hacerle creer que soy Paty, imitando una voz igual y le digo que quiero que monte eso en mi melena de medieval… Él contesta enojado “basta, un día de estos te encontraré y te matare de un vergazo” ( con su voz ronca y sosteniendo la erre, el vergazo siempre le sale exacto) cuando termina de decir eso cuelgo y río, río tanto que la boca se me termina de llenar cuando mi negro acaba…