Hasta que te conocí

HASTA QUE TE CONOCÍ

“No sabía de tristezas, ni de lágrimas, ni nada que me hicieran llorar”

Reflexionaba durante este mes, el mes que ha decidido apropiarse como “suyo” con toda su integridad y sus 31 largos días, no sólo porque lo han cobijado desde el nacimiento, sino porque sus días son los más recargados que tiene el año… Duelos efímeros que al cambiar o tachar las hojas del calendario le han deliberado el porqué — en esta etapa— hay un hervidero.

“Yo jamás sufrí, yo jamás lloré.

Yo era muy feliz, yo viví­a muy bien”

Las plataformas de redes sociales viajan una tras otra, parando ocasionalmente al encuentro de escuchar “Hasta que te conocí,” de Juan Gabriel cantada en Bellas Artes… Los cuestionamientos del ¿por qué carcome al tórax cada que empieza a sonar? La “réplica” que se hace al ser es una constante pregunta que evade responsabilidades intentando ponerle un nombre “físico” al culpable de la soledad que no conocía. Claro está que no ha conseguido encadenar algún culpable físico, porque no lo hay, no existe, ninguno de ellos habita en el profundo mar de la soledad que le acompaña… No fueron ellos, no lo son, ninguno ha perpetuado.

Esa melancolía por sí misma, es a sí misma… A este punto de ebullición, que empieza por las uñas, sube por el cabello, titubea por las venas deslizándose y retumbando por las piernas, sube a los brazos, se acelera aún más cuando llena los pulmones de humo (inhala, exhala) y desemboca por el diafragma pigmentado y circular llamado iris la corriente “melancolía” de una soledad tan flexible, suya, sin nombre, que se ha apropiado… Nadie la hizo, ella se creó para coexistir en las ideas de un mundo.

“Yo vivía tan distinto, algo hermoso,

algo divino, lleno de felicidad,

yo sabía de alegrías, la belleza de la vida,

pero no de soledad, pero no de soledad…

de eso y muchas cosas más”

Fundo la soledad que ahora tiene nombre. Una depresión que debemos reconocer empezó y se mantuvo lineal, incluso hasta puntual, para predisponer los escenarios a caer. Sin embargo, —ahora— ha explotado en los adentros y en lo superficial una inestabilidad consistente e incongruente al deber mismo.

“Hasta que te conocí

vi la vida con dolor.

No te miento fui feliz

aunque con muy poco amor.

Y muy tarde comprendí,

que no te debía amar.

Porque AHORA PIENSO EN TI

MÁS QUE AYER, MUCHO MÁS”

Tiene una edad, todo tiene un comienzo, un bucle temporal que no termina… Nueve años es una buena edad para empezar ¿no?, le escribía a una soledad patética y carente de atención, combinada con los vacíos estomacales frente a ideales. Subía, bajaba, nunca se iba… dos años más tarde, cambió el proceso, pero ella seguía ahí, se aferró, ya no sólo habitaba en el tórax, se le estaban disolviendo las partículas por el esófago para llegar al estómago. “Duelos” emocionales han pasado durante 18 años. Evolucionaron, aunque la dinámica era la misma, las dos condiciones latentes no se fueron, no se van y no estamos seguros que tanto más habitarán ese templo en decadencia.

“Ahora quiero que me digas

si valía o no la pena

haberte conocido.

Porque no te creo más

y es que tú fuiste muy mala.

Sí, muy mala conmigo.

Por eso no te quiero,

no te quiero ver jamás”

El perdón ya está, es consecutivo, es inerte a la voluntad de su ser, no hay evolución en tal adjetivo… Es una obstinación que ya está, no se mueve, le es a sí misma tan fiel que el perdón siempre es para ella; por los otros se carga el mundo, si éste decide irse, habremos de cargarlo. Ahora que tiene un nombre, un nombre dentro de un sistema ilusorio, tan subconsciente para no llegar, pero inconsciente para cambiarlo resuena Juan Gabriel por aquí, por allá, para hacerle frente a la depresión inexistente y a los demás, para abrazar las soledades internas y externas de ella misma, la soledad que habita en el templo está dividida en cuerpo y alma, las dos están lejanas una a la otra. ¿El bloqueo? la depresión que habita y a la que Juan Gabriel se la dedica…

“Vete, vete, vete, vete,

vete de mi pena,

vete, no te quiero,

no te quiero ver jamás.

Vete”