De acompañamiento y otras libertades

Una de las tantas razones por las que apoyo el aborto, desde mi perspectiva y/o humilde opinión, es porque me arrepiento muchísimo el no haber disfrutado mi embarazo, en tener tanta culpa, el no estar lista, el saber que no quería nada de eso para mí, el pesar de los días, la angustia de saber que mi cuerpo cambiaría, que estaba cambiando… El que la decisión no era mía, era para todos alrededor, que aún sin estar segura y pensar que no tenía voz ni voto, tomé la “decisión” a ciegas… Supongo que fue tanto, que no recuerdo por más que intente, el día que yo decidí seguir.

Ahora, ya con el hijo grande, ya no hay tanto tiempo para el arrepentimiento porque, así como se dice en memes y chistes, fue una “bendición” que revolucionó mi ser, supongo, me hizo perder vergüenza ante muchas cosas y ya no tenía/tengo nada que temer de mí.

No regresaría el tiempo, pero si me lo proponen supongo que ya saben que pediría… también está esa otra opción en mente de disfrutar como se debe mi embarazo. No deseo que nadie viva con la angustia de no querer ni verte al espejo sin sentir asco, pena y decepción. 

Si tuviera opciones y por alguna extraña razón escogiera la antes mencionada, viviría plena mi embarazo, viviría y sentiría, me otorgaría la felicidad de saber que no sé qué vaya a pasar mañana pero que hoy estoy contenta por cumplir un día más, un mes más de que se acerque la llegada del primogénito. 

En varias de las cosas que le he fallado a Lucas (mi hijo) o le debo, la principal es no haberle deseado cuando supe que venía, por no quererle y por no cuidarlo y cuidarme en su proceso de crecimiento interno. 

Lo deseo mío ahora y siempre, yo quiero cargar su mundo ahora, porque así lo deseo, pero está el sinsabor en la mente y el paladar que durante 9 meses no deseaba ni esperaba su llegada, a mí no me nació el “instinto de madre” al parirlo, incluso batallé en aceptar que era mío, que yo lo tuve y que yo era suya, porque pensaba en mi desdicha y eso, supongo, él podría perdonarlo pero yo no puedo aún, porque le amo tanto ahora que no puedo perdonarme no haberlo hecho desde que tuve la prueba positiva en mis manos, porque él sin esperar me encontró. En el camino andábamos y en el camino nos encontramos… 

En estos días, “en votación unánime, con 10 votos, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró inconstitucional la penalización del aborto, por lo que el criterio es ahora obligatorio para todos los jueces del país.”

“La ministra Ana Margarita Ríos Farjat destacó en su intervención que la Constitución federal no prohíbe el aborto y que su castigo se traduce en una sanción al ejercicio de derechos como el de la dignidad humana, la autonomía, el libre desarrollo de la personalidad, la igualdad jurídica, la salud y la libertad reproductiva.”

Hace unos 3 años, decidí tomar un taller sobre el aborto que organizó la asociación civil “Las Libres” en Tijuana, donde no solo nos decían y explicaban los métodos para abortar sino que una vez con ese conocimiento para, si llegaba la ocasión de hacerlo, supiéramos qué hacer… comprendí a su vez la carga emocional que implica el acompañar a la mujer o persona gestante en su proceso a abortar. Decidí que eso quería hacer… meses después tuve mi primer acompañamiento, donde al no saber muy bien si lo hacía bien, si el apoyo que ocupaba la persona era el que necesitaba, confié en mí y en lo que esa mujer quería, todo salió bien. 

He acompañado no sólo con medicamentos, también en clínicas y en el no tener a nadie que te acompañe y sentir la “vergüenza” del qué dirán. Siempre me he ocupado de estar ahí para acompañar, a veces sin decir nada, a veces con el nudo en la garganta, con las circunstancias temblando en el cuerpo, sin embargo siempre ahí. 

Este año 2021 pandémico, las tasas de embarazo subieron y se ha corrido la voz entre algunas mujeres que he acompañado que estoy para apoyarlas, me siento agradecida y bendecida que tengan la confianza y quienes pasan por el proceso se sientan “plenas” al final para recomendarme con otra persona a que en su proceso las guíe, escuche y acompañe. 

No mentiré, a pesar del gozo de saber que hay una bonita comunicación y que una  experiencia traumática les sea más “fácil de “digerir”, me duele ver a aquellas mujeres con el miedo titubearles la boca, los ojos de llanto y vergüenza, las explicaciones que no son necesarias, algunas de ellas con ideologías contrarias a lo que están por hacer, con tantas dudas, con tantos miedos, con tanta moral de la sociedad encima que lo único que a veces uno puede hacer es abrazar en presente y en la distancia, hacerles saber que todo estará bien, porque siempre mañana será mejor, eso lo dijo el Flaco y donde quiera que esté, sus mañanas son mejores. Confío demasiado.

Por eso y más razones fuera de las personales, las maternidades deben ser elegidas, independientemente de la circunstancias de la vida a la cual c/u estemos (que si dinero, estatus, estilo de vida, etc) siempre sean elegidas y deseadas por una misma sin importar nada más que nuestra voz interior.