Pasarela Multicultural

Tijuana, tierra trabajada por todos y sin pertenecer a nadie, es el resultado de la idealización del placer. Hecha y deshecha por todos, sin raza, sin color, sin nacionalidad, de y para todos. El comercio es uno de los principales atractivos empresariales que tiene: está más “pa allá, que pa acá”, como diría vulgarmente una guarra como yo.

En días pasados recorríamos el sobre ruedas que inicia desde la calle Segunda, abarca 2 cuadras más arriba y 3 más hasta topar a la carretera que va rumbo a playas de Tijuana y colinda con el muro fronterizo… al llegar al final del recorrido vemos del otro lado, por los barrotes de la carretera, la ciudad del sueño. 

En fin, ¿por qué traigo esto al tema?, a pesar de que los “tianguis”, “sobreruedas”, “bazares”, “pulgas” o “mercaditos” sean significativos en la mayoría del mundo y una costumbre palpable en Mexico, Tijuana ha convertido estos “sobreruedas” (yo me acomodo mejor con esta palabra) en una “pasarela multicultural”: por que a pesar de ser una fuente grande para la industria, a la hora de generación de empleos “mediocres” (ojo aquí, me refiero a los derechos, necesidades y prestaciones a los empleados) como las fábricas, al final estamos buscando ese “extra”, el “eureka” que nos permita llevar a la mesa un plato (si estás privilegiado) o al menos pasarnos un taco por la mano (si estás privilegiado pero de otra forma). 

Aquellos migrantes que se establecieron y/o esperan, esperan y esperan ese sueño americano, los hemos visto trabajar en restaurantes, en los semáforos y en alguna que otra organización que los “adopta” (no quiero sonar muy ofensiva, porque yo no sé nada y al no saber me equivoco mucho). La mayoría de ellos ni siquiera tiene una regulación en sus trabajos, pero de esa situación ya se hablará en otro texto a detalle. 

Sin embargo, en el recorrido de hace días por la calle Segunda, mientras uno entra va pasando los puestos de comida: taquitos de birria por acá, pozole por allá, unos sopes y mientras vas más adentro tenemos a la derecha un restaurante/casa de hondureños, con su puestecito afuera con ropa, zapatos, cables para teléfono, etc… 

Seguimos recorriendo y tenemos a los haitianos con su puesto de corte de cabello o peinado, con las trencitas y a un lado, ¿por qué no?, cositas personales para vender…

Y mientras más nos adentramos distinguimos más, olemos más, sentimos más… Sabemos diferenciar también a los migrantes mexicanos, empieza a sonar por una mesa “Sergio Vega” (que Dios me lo tenga en su gloria) con su “dueño de ti”, una voz alzada que al final supimos era de Sinaloa, vendiendo películas, CD’S y uno que otros lentes de “marca” sobre la mesa… 

Y lo interesante es la mezcolanza de sonidos: que mientras más te adentras al bullicio y por eso sientas que más perdido estás, vas llenándote también de más sentido… Una vez en el bullicio puro empieza a soñar “Cañaveral” con su “Tiene espinas el rosal” y un “pásele güerita” a cualquier morrita que, por el acento chilango, supimos inmediatamente de dónde venía. 

Alguno que otro americano se encuentra vendiendo sus botas de piel, cuero y por lo menos también te llegas a topar (si tienes suerte con la multiculturalidad) a alguien que no es del sur ni de arriba del continente Americano. 

Véannos, todos ahí realizando una de las prácticas más antiguas y ¿principales? De los inicios de la ¿economía? El comercio- trueque, el intercambio de mi moneda para recibir tu prenda, instrumento o cosa que has cargado bastante tiempo y que al final nos satisfacerá las necesidades a cada uno y posiblemente uno pensará: “Le estoy ayudando con base a mi beneficio” ¿por qué así es, no? O nos daremos golpes de pecho sin pensar que todo lo que hacemos al final es un beneficio para uno (emocional, sentimental, física y materialmente). 

Estamos todos revueltos, todos con propósito de llevar al final del día una “satisfacción” a casa (llámese comida, dinero, ropa, etecé)… Y como mencioné palabras atrás, posiblemente mal definido pero ya he dicho que soy una guarra vulgar, ¿no? Y aunque yo respeto todo, el respeto no lo hace conmigo… Bueno, aclarando esto… la PASARELA MULTICULTURAL de comida, ropa, accesorios, cables, herramientas, etecé… Nos pone, al menos a mí, con los pies más abajo de la tierra; todos buscamos, nuestra naturaleza de aquellos llamados “homo sapiens” es buscar, ¿no? Lo que sea, entonces ante toda esta adversidad, buscamos… 

Y resulta bastante irónico-cómico que aquellos Tijuanenses “puristas” (algunos) enojados por el posible desplazamiento de sus empleadores con los nuevos migrantes, los vemos hoy por hoy, con esa búsqueda natural de sobrevivir en estos mercaditos intercambiando no sólo lo material, sino todo el plano que involucra ser humano, todos ahí siendo lo que son:

Humanos buscando con fe.

Buscando con hambre.

Buscando con esperanza.

Buscando con privilegios y sin ellos.

Buscando porque no hay otra cosa más que hacer que buscar. 

Buscando porque no sabemos ni qué buscamos. 

Somos todos, dentro de este trueque de vida (Dios es el comerciante y nosotros los mendigos… somos el trueque de la vida y la muerte) regocijándonos  ante el siguiente número de la PASARELA MULTICULTURAL y de vulnerabilidades que nos da Tijuana. 

Esperar y buscar.