Están bajo tierra

…Venían del otro lado (no del más allá, sino del lado americano)...

En esta gran nación se celebra el día de los muertos (cuando vienen tus seres queridos del Mictlán a exigir la atención que no les das en todo el año). Y gracias a una fuerte maniobra de mercadotecnia de venta de los corporativos, esta fecha es una nueva forma de adquirir dinero… el 2 de noviembre es magia.

No muy lejos del barrio se encuentra el panteón Santa Gema, con la particularidad de ser un espacio privado y de alto costo para tus muertitos. Muchos de los ciudadanos se han quejado del maltrato en el camposanto y su seguridad, ya que, según mencionan, constantemente hay personas amenazando con arrebatar sus pertenencias. 

En su mayoría los visitantes venían del otro lado (no del más allá, sino del lado americano) a dejar su ofrenda y un par de rezos para que el alma del difunto saliera del purgatorio. 

Las primeras familias en tener su espacio oficial bajo tierra en Tijuana se encuentran en el panteón No. 1, ubicado en la Avenida Carranza de la colonia Castillo, cuya atracción principal es la leyenda de “Juan Soldado”, el santo patrón de los migrantes no oficializado por la religión católica. En el año de 1938 fue fusilado en el mismo panteón tras aplicársele la ley de fuga (corrió hasta un punto en el que se considerara estaba huyendo para así poder dispararle). 

En una tumba grande con los apellidos “Gonzales Gonzales” se encontraba Mirtha Gonzales, quien aprovechó el espacio en su trabajo para poder visitar a su padre y a gran parte de la familia que vivió en los inicios de la ciudad. Del mismo modo, a escasos metros, estaba Grissel Avilés, maestra de teatro que a ritmo de los Beatles, le festejó a su padre  con su comida favorita: un rico pollo del viejo gringo. 

Dejando las tumbas múltiples de la historia de Tijuana, en el panteón de “Puerta Blanca” se escuchó de un altar en Playas, muy cerca del muro fronterizo, en memoria de 12,000 hijos que han muerto tratando de cruzar al otro lado mientras que muchos de los que se quedan aquí, disfrutan del olor a sal, en tensión con la caña y con la aproximación de la noche. 

Se encienden las velas y se inicia la procesión migrante a cargo de “Border Line Crisis Center” arrojando pétalos de flor de cempasúchil para marcar el camino de las almas hacia el campamento en el Chaparral. Algunos, en su mayoría niños de distintas naciones, cargaban un ataúd con la leyenda “Asilo” mientras sus voces coreaban: “Queremos asilo, queremos asilo”. Todo culminaría, no obstante, con chocolate caliente y un gran altar en el Enclave Caracol. 

El día 2 de noviembre no fue suficiente para los difuntos, por lo que al día siguiente se visitó el muro en la colonia Libertad Parte Alta para conocer la instalación que realizó “La Coalición Pro Defensa del Migrante”, en donde desde 1995 a la actualidad se contabilizan las muertes de migrantes. La cosa terminó con calaveritas derretidas en una puesta en escena: la vida y muerte de la frontera… y de un poco más allá, nuestros muertos nos visitan.