MC

Era un pasillo en L que simulaba ser más un picadero que un estudio de grabación: sin fronteras entre salas de captación y control, insonorización acústica, ni puerta de entrada; además el audio se contaminaba al ladrar el perro de casa. 

Valía la pena. El sueño de cantar junto a un ídolo underground del Rap, como lo era Frank Siniestro, volvía valiosos todos los días de la vida del Chory, de cargas mayores que las del jumento de Sancho Panza. Esta canción sería su Tartarín de Tarascón. No dudaba. 

“No fue tan sencillo” fue una canción difícil de grabar. Reclamaba sangre de interminables turnos laborales, cicatrices en el barrio, estafas de otros productores, traiciones del amor y al Chory hasta trancazos de este… no precisamente en el corazón.  

Roda estuvo así de la fama prefiriendo el Rap sobre la universidad. Pero el Übermensch (hoy con sello discográfico y marca de gorras propia) le traicionó dejándolo fuera del ansiado gran contrato y vendiendo sus coautorías para que las cantara Mr. MC, ese famoso que en Mundiales y Olimpiadas aparece sonriendo en televisión.  

Roda se había quedado con la chica, pero luego de un tiempo el amor sólo fue posible frotando dos palitos. Una canción, comerciales y vino ¿y luego qué? Un bello y común romance de película, es decir: muerto al aparecer los créditos.

Tramaba el segundo intento lírico cuando llegó Andrés, el primogénito que enterraría su afán artístico en el paraíso de la memoria y tatuaría en su sangre el amor de otra mujer: su propiedad y propietaria, Tania. Se casaron y construyeron su casa con andamios de un hogar…

Pero ahora, ocho años después, con la descendencia repitiendo primer grado, Roda revivía su empresa musical. Antes de ocuparse más como marido, papá o trabajador, antes de la edad o de que el amor filial mutara a insatisfacción doméstica o, peor tantito: manutención ordenada por un juez. 

Ahora sería como productor. Gracias a Tania que, ordeñándole sabiamente las finanzas, le convertía en excelente proveedor y jefe de familia, tanto que hasta le permitiría cumplir sus frustraciones, como llamaba ella a la realización vocacional que Roda hallaba en las rimas y la música dizque digital. Por amor y porque de él salía el capital de dos negocios suyos poco rentables: una fondita de comida mexa y una agencia de maquillaje. Roda era gabacho y dormía el sueño americano en Tijuana (acurrucado al tipo de cambio y a menudo con un pie destapado). Las pesadillas eran ntrabajar de noche, manejando de San Diego a Los Ángeles y viceversa todas los días, la formación de Andrés y demás etcéteras familiares.  

Así volvía a reverberar el beat. En aquel cuartucho con equipo de primera y él colgando un cigarrillo del hocico. Stevie Wonder supersticioso aconsejando: Jeff Beck. Era perfecto, no le costaría un centavo y los dueños del lugar eran tan mariguanos como sus raperos. Todo obra de Tania, que empleaba a los anfitriones en uno de los negocios sin ganancias.

Para Tania tampoco había sido sencillo. Su mamá comerció por años valores que, platónicamente, anhelaba sus hijas reservaran pal marido. Ahora tenía varios negocios de comida, de fiesta, de retiro. Sus hijas bueno: le habían dado algunos nietos, la más guapa fichaba en uno de sus bares…

“No fue tan sencillo”…

La primera grabación del día resultaron cosquillas. Aún sin el Chory o Frank Siniestro, pues uno trabajaba y para el otro era fecha para responder legalmente como padre…

La pista y casi toda la letra eran obra del ídolo underground del Rap, que tenía decenas de hits en Internet y en diferentes rutas del transporte público municipal. Porque las canciones son de la gente, filosofaba. 

Entretanto, Roda llevaba las orejeras puestas con su familia esperando en la fondita de al cruzar la calle: changarro taniano. Frente a él el gracioso proceder de los cantores: se ocultaban detrás del humo. Dos atorrantes. Atropellaban la sintaxis, marometas, carcajadas y versos hasta serenarse, suspirar y estallar en otro episodio de eso. Ya sabes, nuestro lenguaje de comerciantes primero domó rimas extravagantes antes de hallar la prosa y reivindicarse…  

Así encontró las cosas el Chory: la familia Sánchez desparramada en una sofacama en esa L que el estudio de grabación formaba y con la oscuridad del otro lado brillante sobre el Mic. Ya conocía el lugar, les había vendido muebles y yerba a la joven pareja de casa, que estaba en el cuarto contiguo.  

Era en un segundo piso, luego de la escalera de caracol. 

Él permanecía en el pasillo, muy atento al sonido que escapaba de las máquinas.   

Estaba nerviosísimo. No había ido bien en el trabajo. Pero grabaría con Frank Siniestro. No podía creerlo. Sólo había vendido un asador en el sobreruedas. Luz le parecía un mujerón. Tania lo intimidaba aún más. Y allí estaban las dos. A Frank lo admiraba desde mucho tiempo atrás, más que el conociéndolo: habían hecho freestyle en batallas callejeras y eventos con audiencia, premio y faramalla. La madre de su hijo no agradaba como Luz o Tania. Frank Siniestro era el mejor. Habían compartido caguamas. La parte de Frank ya estaba grabada casi toda, por eso prometía tanto la rola. Su mujer le reclamaría lo poco vendido, habría maltrato si llegaba tarde, borracho o mariguano. Se preguntaba si a Luz le gustaría lo que él iba a cantar.  

Sacó lo suyo para que Luz liara un porro y entró a escuchar la grabación. 

-Ta tan chingona… -dijo afuera, conmovido, apoyado del barandal del corto balcón que rodeaba al edificio y viendo cómo Roda encendía un cigarrillo antes de decir:

-Está canción es algo, puedo sentirlo, es grafiti del barrio… 

-Frank Siniestro, esta canción es Frank Siniestro. 

Rieron como logrando un saludo espiritual. 

Entonces Luz ofreció al Chory un cubetazo. Lo ideal previo a la sesión, dijo Roda. Pero en la otra habitación, porque aquel sahumerio ya había horneado a los Sánchez y al perro y llevaban rato dormidos. Carlos, novio de Luz, un anarco intoxicado que lavaba trastes por comida en la fondita, tarareaba el “No fue tan sencillo” al preparar el hit del Chory. Frank Siniestro, pensó el MC. Lo encendió y ¡zooom! el humo de un envase de dos litros  de coca directito a sus pulmones. 

Ver a Luz sonriendo, graciosa y resplandeciente, ponchando un gallo al otro lado del cuarto, le recordaba que su mujer lo golpearía de nuevo. Maldijo a la madre de su hijo. Sacó su libreta y comenzó a escribir.  

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