SOLITUD

Hoy era el primer día como ‘misionero’.

Un término incómodo de progresar, probablemente, para alguien que no ha recibido instrucciones o enseñanzas bíblicas anteriormente.

El día de ayer, después de enterarme de noticias bastante fuertes para mí, y por ‘bastante’ me refiero al futuro cercano, mediano y a largo plazo en el que tenía pensado, junto a la motivación de trabajar socialmente para contribuir de manera organizacional a esta sociedad tan destruida, el día de ayer decidí tomar el avión para realizar la segunda fase de este curso bíblico/artístico.

El primer lugar a estacionar es CDMX, México. Y aquí me detengo para hablar sobre los recuerdos que tengo de este lugar.

Vine acompañándola a ella. Era el primer viaje romántico-familiar que realizábamos juntos. Ella tenía el cabello teñido de gris, un ‘gris nube’, del tipo de nube a punto de dejarse llevar por el peso del agua contenido y rociar a todo el que se pusiera frente y debajo de ella sin pensarlo dos veces. Me gustaba ese color, le daba un fondo a su personalidad, agresivo, inteligente y muy atractivo, todo al mismo tiempo, me encantaba.

Y fue un viaje definido en lo ‘familiar’, ya que estábamos acompañados por algún miembro de su familia todo el tiempo. Sus hermanos, las parejas de sus hermanos, sus tíos, primos o incluso sus padres o algún familiar cercano que decidiera acompañarnos en nuestros recorridos por la ciudad y el pueblo, cabe mencionar que era un pequeño pueblo a las afueras del centro de la ciudad de México, así que el recorrido al centro histórico o las pirámides eran unas totales excursiones que se tornaban en viajes familiares muy amenos, fáciles de recordar, pero sobre todo, largos.

Eso fue. 

Esa fue la última vez que visité la ciudad de México. Un recuerdo bastante latente tomando en cuenta que mi relación con la persona de cabello gris se había terminado algunos meses antes.
La base ‘Jucumera’ está en una colonia llamada Coyoacán, una colonia bastante conocida por sus calles, gente y negocios culturales que albergan todo tipo de artesanías, arte y edificios históricos significativos en donde los artistas nacionales y extranjeros deciden refugiarse del frío, del calor y de una sociedad que fomenta, respeta, crítica u odia sus obras.

Cafeterías, tiendas de ropa, tiendas de chocolate, galerías y galerones de artesanías es lo que encontrarás cerca a este lugar.

La comunidad podría identificarse como local muy fácilmente. A diferencia de otras comunidades del centro de la ciudad, como la Roma o Condesa, en esta pequeña porción de la ciudad pareciera que adultos mayores, políticos y profesionistas han tomado los conjuntos, departamentos y casas de la manzana.

A unas cuadras del centro, en donde se ubica la plaza, el parque y el mercado, se encuentra la casa en donde habitaron Frida Kahlo y Diego Rivera por tanto tiempo, el cual sirve como museo, uno de los más transitados y conocidos a nivel nacional, en donde cientos de extranjeros llegan a visitarlo cada semana (claro, antes de que surgiera una pandemia que restringiría tantos vuelos y el turismo mundial). Apreciar de cerca las obras y el espacio creativo de este par es sin duda alguna, un racimo de emociones.

La base misionera es claramente un espacio pequeño y totalmente diferente, comparado a la base de SD/baja en Tijuana.

He visitado la base de Ensenada y la de Monterrey, que son significativamente más pequeñas, pero no comparado al área de este lugar. Algo que podemos fácilmente agregar es que la gente del centro de México y los habitantes del centro de la ciudad de México, son siempre muy calurosos en sus formas y comunicaciones.
Al momento se suponía que nos cambiarían de locación porque la base era la base ‘antigua’, y cuando arribamos había ya un nuevo edificio que se consiguió precisamente para darnos alojamiento por el tiempo que decidiéramos estar en la ciudad de México: un edificio a unas cuadras de la base original, que siendo un espacio dedicado a la educación normal, y que debido a la contingencia había suspendido operaciones, era el suelo que utilizaríamos para instalar nuestras maletas y sleeping-bags.

La experiencia de un foráneo estaba completa, un piso frío, sin aire acondicionado, sin regaderas ni agua caliente y una pequeña cocineta en donde prepararíamos el alimento para 20+ individuos, todos los días, 3 veces al día.

No tengo la menor idea de cuál era el plan.

No nos dimos por vencidos, de cualquier forma ya estábamos ahí y nuestra ‘fe’ no podía estar más a prueba (hablo sobre mí, no me malentiendan…).

Las actividades se resumieron a limpiar las instalaciones escolares diariamente, rolar los turnos en la cocina y sentarnos a contemplar las ramas de los árboles. Si llevaste un libro habrías sido una persona muy inteligente. Yo lo fui por primera vez en mucho tiempo, lo recuerdo y se me pone la piel chinita: ser inteligente.

Un libro al que estoy pensando traducir al español, tal vez después.

Puedes esperar o escuchar ‘Solitude – M83’… el punto al que quiero llegar, el tema de la ‘Solitud’.

Crecer en solitud fue algo que hice desde que tengo memoria. Fue una cualidad que desarrollé a pesar de tener bastantes amigos/conocidos en los salones de clases. Muy probablemente lo haya mencionado antes: formó parte de mis traumas más importantes.

Convertirse en una persona individualista, qué digo, híper-individualista, desarrollar ese sentido de ‘no necesitas estar acompañado para hacer las cosas, pero cuando lo estás, puede llegar a ser muy divertido’ e incluso hoy en día es algo que mantengo como teoría de vida, no es algo malo, tampoco bueno, es de mucha ayuda a la hora de desarrollar una codependencia. A pesar de tener dos medias-hermanas en casa al haber nacido, a mis escasos 10 años recuerdo, ellas ya habían intentado un nuevo hogar con sus respectivas parejas, nunca tuve hermanos varones en casa, así que me encontraba completamente solo. Mis primos, que eran como un vecino debido a la regularidad con la que nos visitábamos mutuamente, no fueron lo mismo, pero se agradece el gesto.

Mi círculo de amigos fue muy pequeño. El colegio contaba con 15 alumnos máximo por aula, una cantidad ridícula comparada con las aulas de cualquier escuela pública local.

Sin embargo, no fue excusa para conocer a un par de buenos amigos.

Conocí después a bastantes personas en las diferentes escuelas en las que estuve en el nivel intermedio, mis actitudes de niño sin atención empezaron a surgir efecto y los reportes y suspensiones eran comunes, un tanto para cansar a las instituciones y optar por la expulsión del alumno. Eso me llevo a expandir mi círculo de conocidos por el ancho de las escuelas que me admitieron en su momento.

Y a lo que quiero llegar es que la solitud pareciera ser dañina o hasta peligrosa, pero es parte del crecimiento de cualquier individuo.

Algo difícil de comprender, entender, y sobrellevar pero que es importantísimo en estos tiempos de “distancia social”: no siempre tienes que tener muchos amigos, ni ser la persona más social de todas, puedes reservarlo y ser vulnerable, aprender que todas las personas tienen la necesidad de sentirse queridas, valoradas y escuchadas en ciertos momentos y en otras ocasiones no.


Posiblemente piensas que no tienes suficientes amigos, o incluso, que no tienes, yo lo hago. Se me facilita decirte que no dejes que esa mentalidad te aísle y te ponga a la defensiva al conocer a las personas que te rodean, don’t. En la vida, siempre encontraremos a personas que formarán parte de alguna etapa, disfrutar esos momentos por pequeños o ‘insignificantes’ que parezcan, puede hacer la diferencia en el presente y en el futuro.

Hay un dicho muy conocido que dice «los buenos amigos se cuentan con los dedos de las manos».

Referentemente estaría hablando de que los buenos amigos, esos con los que puedes confiar siempre que tengas problemas, o estés en una situación difícil, estarán disponibles siempre que los necesites, porque siendo honestos, no existen todo el tiempo.


Siempre nos enseñaron que hay dos tipos de personalidades: Introvertido o Extrovertido y que eso era parte de tu personalidad, que había personas que por genética o por eventos en su vida desarrollan menos o más habilidades sociales, o que simplemente son tímidos y prefieren no compartir todo lo que sucede o ha sucedido en sus vidas, por el contrario, estará quién disfrute expresarse de todas las maneras disponibles, también quien lo evite y prefiera dormir, o fumar, o leer, o pensar, o escuchar música, o escribir, o escribir.

Empecé a irme a la escuela en transporte público, una total aventura cruzar el puente e irme en la parte trasera de la guayina viendo la cara del conductor en el vehículo de atrás, era el lugar favorito para observar, ver a las personas y pensar, o no pensar. Pero espera…

Un momento. 

¿Han pasado ya 4 meses? ¿4 años? ¿14 días? ¿En dónde estoy?

Inconcluso. Parpadeante. Constante pero expectante de su publicación estoy esperando y meditando en lo que no fue, no hay más. Sí, difícilmente podría entender cómo es que algún tiempo atrás estaba siendo un ‘misionero’, en la ciudad de México, con un grupo internacional de jóvenes, traduciendo y compartiendo la “Palabra de Dios”.
¿Qué fue lo que pasó?

La distancia.

La distancia mental entre el inicio del texto, y lo que estoy a punto de concluir es inmensa, y poca es mi capacidad de entender, pero el intento definitivo lo haré.

Estoy hoy en el pasillo de la casa de mi madre. Un sótano, que por cierto es mi cuarto también, y más recientemente mi espacio de trabajo, el trabajo que me cuesta levantarme de esa cama que se expande del sillón que he puesto acá. No voy a mentir, es horrible. Después de todo lo que ha pasado no puedo entender cómo es que pase de estar en CDMX, a estar en este lugar. 

Pero creo recordarlo ahora:

Mi padre, mi padrino, tíos, amigos de la familia y muchas personas alrededor del mundo murieron por culpa de una enfermedad psicológica que afectaba los pulmones.

No me lo explico, lo único que puedo decir es que todo ocurrió de una forma tan inesperada, que aún hoy me sigo haciendo las mismas preguntas incluso después de haberlo visto, vivido y repetido en mi cabeza por tantas semanas ya. Me logré escapar del sistema penitenciario, del sistema de leyes eclesiásticas, del sistema educativo, del sistema paternal, de los tributos y atributos de una persona que, dentro de esas circunstancias, tiende a obtener.

Tenemos trabajo, tenemos una lengua que nos permite seguir trabajando, tengo una máquina, dos máquinas, un reloj, una mochila, una patineta, una bicicleta, un sleeping bag, una muda de ropa, un par de manos que saben cocinar y lavar trastes muy bien, un par de piernas y muchas ganas de caminar, de correr, de atravesar, de crear y construir, de partir, de repartir, de distribuir, de planificar, de tener ganas, de destruir, de comenzar, de terminar.

Me he ido muy lejos de aquí. Lugares muy lejos, pero al mismo tiempo muy cercanos, lugares que siento que forman parte de los sueños de los que no me esperaron. ¿Eran sueños? Eso es algo que me sigo preguntando el día de hoy. Formare parte de tantas personas, que en mis ataques psicóticos escuché, tuve presentes en sueños, en el suelo, medio dormido, medio despierto.

Fue tan claro como un vaso de leche fría, como un vaso de agua tibia. 

Sigo trabajando en esta historia, porque a pesar de no estar muerto, hay bastantes escenarios y en todos soy un desastre, soy un desastre en todas partes.

¿Algún día podré salir de este encierro que tengo dentro? ¿Algún día podré liberarme de la culpa que no tengo? La llevo a todas partes y a pesar de ser un intento interno, no dejo de pensar en eso.

Enamorarse. Enojarse. Encerrarse.

Sobrellevarlo, procesarlo y seguir con la vida como un medio promedio, después de todo en lo único que pude sobresalir es en la herencia que no tengo. 

Mi pregunta es ¿En dónde están? ¿Quiénes son? ¿Qué hice? ¿En dónde se quedaron y a dónde van? Claro que me causa mucha discordia, no pensar diferente sino pensar diferente a lo que me han enseñado; pareciera que soy el mismo, yendo en contra de lo que aprendí en mi niñez, como si hubiera explotado una burbuja de conocimiento y ahora que estoy fuera, siento que nada sé, a pesar de saber cómo funciona el sistema.

Es un algoritmo bastante complicado de atender y entender, de sobrellevar. Más, después de tantos años encerrado en edificios en donde lo que se hablaba y enseñaba era amor y paz… el egocentrismo se convirtió en tal, que la idea de Dios en el individuo se hizo tan palpable y física como la certeza de existir en harmonía conmigo mismo: algo inhóspito, ambiguo, pero al mismo tiempo constante y real.

¿Qué fue lo que pasó? Me perdí. Logré consumir todos mis cartuchos y ahora que he quedado fuera, sin amigos, sin futuro y con muchas responsabilidades, de nuevo, soy pobre, pero entiendo que no hay un lugar mejor en el mundo que la ‘Solitud’.

No quiero marearte, pero el templo a Marte existió.

Te recomiendo escuchar:
Mars For The Rich de King Gizzard and the Lizard Wizard.

Paz.

Por Jonathan Hernán N.

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